Me cago en Dios.



Por lo general, poner título a mis entradas del blog es lo que más me cuesta. Esta vez no es el caso. Esta vez tenía claro que quería ofender. Ofenderte a ti, hijo de puta, y de paso, ofender a tu Dios.
Porque es concretamente es en tu Dios en el que me cago, hijo de puta. No en otro, en el tuyo. En ese que no existe, pero que si existiera, apenas iba a notar mi mierda sobre Él, no por su grandeza, sino porque Él es en si mismo un truño pestilente.
Si, hijo de puta que quizá me estés leyendo. Tu Dios es un mierda. Si fuera tan grande como dices tú que es, tu Dios no se sentiría tan ofendido por un simple chiste. En primer lugar porque para un Dios grande, una viñeta sería como si un ácaro se intentara reír de mí, o intentara morderme, no sé si me entiendes.
Por otro lado, dudo mucho que un Dios que se precie tenga que mandar a subnormales como tú o como los tuyos, a vengarle. No sé; obviando el hecho de que lanzar rayos, provocar seísmos, o mandar plagas es mucho más vistoso, si un Dios que se preciara de serlo tuviera que usar como brazos ejecutores a seres humanos, tiraría de lo más granado de la humanidad. Llamaría a sus filas a doctores universitarios, a trabajadores capacitados, a personas de probada validez. Seguro que un gran Dios como afirmas que es el tuyo no contaría con niñatos que no saben hacer la o con un canuto, con borregos, con escoria como tú, hijo de puta.
Me cago en ese Dios tuyo, que no es el Dios de los judíos, ni el de los cristianos, ni el de los musulmanes, en los que no creo, pero que no me han hecho nada. Me cago en el Dios de la intolerancia, de la desigualdad, de la ignorancia y del odio, que es el Dios al que adoráis los hijos de puta. En ese Dios que antepone ideas como la censura, el poder, o el dinero, a los derechos humanos.
Y si no te gusta, hijo de puta, te jodes. Te jodes tú, y que se joda tu Dios. A mí me repatea el hecho de que tú creas en su existencia y de que quieras convencerme a mí a base de pegar tiros, proclamar leyes absurdas, y crear seres humanos de primera, de segunda, y de tercera. Me repatea, y tengo que aguantarme, porque yo no soy un hijo de puta, y lo único que voy a hacer en tu contra es expresarme en libertad con estas líneas. Eso, y confiar en que me protejan esos principios occidentales con las que tanto empeño luchas.
Y quien sabe. Si el día de mi muerte me toca encararme con tu dios, ese excremento cósmico inexistente con la piel muy fina y rodeado de gilipollas, no me quedará más remedio que decirle a las claras lo que pienso de él, que es básicamente lo mismo que pienso de ti. Eso, y cagarme en su cara.

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